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Los hijos aprenden por lo que hacemos más que por lo que decimos

Los hijos aprenden por lo que hacemos más que por lo que decimos

Tener claros nuestros valores nos ayuda a ser mejores personas, más coherentes, y con más valor para aportar.
A veces nos quejamos de que los niños o sobretodo los adolescentes no tienen respeto hacia las personas, que no tienen límites o no tienen valores; pero pocas veces nos preguntamos si nosotros hicimos algo al respecto.
Los hijos aprenden por lo que hacemos más que por lo que decimos, seamos un modelo coherente y sincero de aquello que queremos transmitir.

 

Vamos a ver cómo:
Cuando sentimos que nuestra vida no está yendo como nos gustaría, es para pararnos a ver hacia dónde la estamos enfocando, ver hacia donde la queremos dirigir. Porque la mayoría de las cosas nos irían muchísimo mejor si de entrada supiésemos que es lo que queremos.
Siempre estamos creando nuestra vida, somos artistas, así que tú decides si creas tu vida de acuerdo a tus valores personales más profundos o te dejas llevar por las circunstancias, por todo lo que te rodea y decides que tu vida sea un efecto, una consecuencia, de todo eso. “Está bien saber el tiempo que hace pero que eso no te condicione”
Hoy vamos a ver cómo podemos crear esto en familia, es decir, cómo elegir qué valores queremos que rijan nuestra familia, como la comunicación, la libertad, el cariño, el sentido del humor…etc. Porque trabajando en ellos podemos crear nuevos hábitos y estos nuevos hábitos cambiarán los resultados que obtendremos. Es importante ser coherentes con nosotros mismos, y transmitir a nuestros hijos valores y ejemplos de vida que les permitan crecer como personas únicas, creativas, comunicativas y con responsabilidad personal.
Por ejemplo, si mis valores personales profundos tienen que ver con la libertad, la comunicación y la creatividad,… es para observar si me estoy comportando de forma coherente con esos valores, si realmente con mi ejemplo son esos valores los que les estoy transmitiendo a mi familia, a mis hijos, a mi pareja…
¿Sabes cuales son tus valores? ¿Conoces los valores que tiene tu pareja?
O ¿tus hijos adolescentes?
Vamos a ver cómo hacer esto de manera práctica y sencilla, por pasos:
  1. Nos reunimos toda la familia, un día sin prisas y vamos a ver qué dirección queremos tomar como familia. Ese día bolígrafo y papel para todos.
  1. Cada miembro de la familia escribe sus valores personales, mínimo tres, como por ejemplo: libertad, comunicación, creatividad, amor, cariño, aprender, sentido del humor, diversión, evolucionar, solidaridad,…
  1. Nos sentamos todos juntos en una mesa, ponemos en común los valores que hemos escrito cada uno, y en una cartulina grande escribimos con rotuladores de colores los valores que sintamos que nos representan a todos.
  1. Colgamos la cartulina en algún lugar de la casa que sea visible para todos, y los tendremos en cuenta a la hora de tomar decisiones en familia, o a la hora de mediar en algún conflicto.
  1. Planificaremos, entre todos, actividades para todo el año, para apuntarnos a desarrollar nuestros valores.
Ejemplos:

- Si uno de los valores que hemos apuntado es la comunicación y la empatía, podemos planificar una reunión familiar semanal para hablar de cómo estamos, explicarnos cosas que nos han pasado y que a lo mejor no hemos tenido tiempo de contarnos durante la semana, resolver conflictos que pueda haber, decirnos cuánto nos queremos, etc.

- Sentido del humor: que cada semana uno se encargue de buscar chistes y contarlos al resto, o ver juntos una peli de risa.

- Aventura: planificar una excursión o un viaje.
 
- Solidaridad: participar juntos en alguna actividad solidaria, como participar en una carrera solidaria, recoger alimentos en la escuela y el trabajo para donar a un banco de alimentos,…
 
- Amor y cariño: darnos un beso o un abrazo cada vez que nos vemos y nos despedimos, escribir una carta a cada uno diciéndonos todas las cosas que admiramos del otro y todas las cosas por las cuáles le estamos agradecido,…
 
- Creatividad: cada mes hacer una cena en casa de un país diferente: cena mexicana, cena japonesa, cena italiana,… Cada uno se ocupará de una parte: preparar la comida, decorar la casa, la música, alguna prenda de ropa diferente… Se puede aprovechar para invitar a otros familiares o amigos.
- Aprendizaje: un domingo al mes, uno de la familia les hablará al resto sobre algún tema que le apasione: animales, plantas, planetas…, algo nuevo que haya aprendido, o sobre alguien a quién admiren: un escritor, un deportista, grupo de música... Puede hacer una presentación con diapositivas o dibujos.

Conclusión:

Las relaciones con las otras personas son la mayor oportunidad que tenemos de conocernos y aprender, pues son un reflejo de lo que somos.
Las relaciones hay que alimentarlas para que sigan evolucionando, tanto si son familiares, amigos o la pareja.
Tener claros nuestros valores nos ayuda a ser mejores personas, más coherentes, y con más valor para aportar.
A veces nos quejamos de que los niños o sobretodo los adolescentes no tienen respeto hacia las personas, que no tienen límites o no tienen valores; pero pocas veces nos preguntamos si nosotros hicimos algo al respecto.
Los hijos aprenden por lo que hacemos más que por lo que decimos, seamos un modelo coherente y sincero de aquello que queremos transmitir.

 

 
 

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