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Mirar hacia adelante Cuento

Mirar hacia delante

Una vez, un turista al que le gusta mucho viajar, me contó, que en uno de sus viajes  paró en un pueblo, no recuerda donde, en el que todos sus habitantes andaban mirando hacia abajo, parecían estar en un largo enfado, sumidos en su discurso, atentos solo a sus pasos, incluso algunos andaban hablando solos. Cuando pararon a comer, él preguntó al camarero el motivo de tal situación y éste le contestó que iban así desde siempre, resulta que hasta hace poco sus calles estaban llenas de piedras y tenían que vigilar por donde pisaban.

-        ¿A sí? Dijo el turista

-      Si, y desde muy pequeños justo al empezar a andar, ya se les enseña a los niños, que tienen que ir siempre vigilando donde ponen los pies, para no caerse,

-         ¡Vaya! Pero yo veo las calles arregladas y muy bonitas. ¿Por qué se sigue enseñando así?

-         No lo sé, siempre se ha hecho así, le contestó el camarero.

Asombrado, después de comer fue a dar un paseo por el lugar y dio con un niño que estaba jugando a la pelota.

-         hola, dijo el turistaNiño

-         hola, dijo el niño sin levantar la cabeza

-         ¿Cómo te llamas?

-         Juan, contestó el pequeño

-         ¿A qué juegas?

-         A chutar la pelota, dijo el niño

-         ¿Estás solo?, observó el turista

-         ¡Claro!!

-         ¿Por qué? ¿No hay más niños?

-         Si, pero no podemos jugar juntos porque es muy difícil, tenemos que mirar siempre al suelo y no vemos a los demás, siempre estábamos chocando y nos hacíamos daño, dijo el pequeño Juan

-         ¿Y a ti te gustaría jugar con otros niños?

-         No lo se, no recuerdo la ultima vez que lo intentamos, además a nuestros padres no les gusta porque piensan que eso nos perjudica.

-         Ah! ya veo!, concluyo el turista dejando al niño con su pelota

 Cada vez más extrañado, el turista se fue del pueblo, no podía dejar de pensar en los habitantes de esa zona y en lo que se estaban perdiendo. ¿Cómo podían apreciar la belleza de lo que les rodeaba si siempre estaban mirando hacia abajo?

 En esto estaba cuando llegaron al siguiente pueblo, ya para la cena.

Cuando salieron del restaurante y empezó a andar para dirigirse a su hotel, se dio cuenta de que en este sitio la gente iba con la cabeza muy alta, casi mirando al cielo continuamente, ¡qué curioso! pensó, la gente parece despreocupada, desinteresada, incluso un poco ida, suerte que sus calles estaban bien, de lo contrario andarían siempre tropezando.

Cuando llegó al hotel preguntó por la actitud de la gente del pueblo

-         Si, le dijo el botones, siempre miramos hacia arriba porque teníamos muchos pájaros y siempre nos manchaban con sus heces. Así, los veíamos venir y nos poníamos  a cubierto.

-         ¡Vaya! ¿Y que paso? Preguntó el turista

-         Pues que los echamos

-        ¿Cómo?

-         Con trampas, veneno, etc., dijo el botones

-         Muy bien, así que ahora ¿ya no hay pájaros?, dijo el turistanino-mirar-arriba_IE041-041

-         No, contesto el chico del hotel

-         Entonces, ¿cómo es que todos miran hacia arriba siempre?

-         Por si acaso, por si queda alguno y no lo oímos acercarse, dijo con seguridad el muchacho.

Por la mañana cuando se disponía a marcharse, vio que se llevaban al chico en una silla de ruedas, cuando paso por su lado, lo detuvo para interesarse por el

-        ¿Qué te ha pasado? Le preguntó

-         ¡Que me he caído!

-         ¿Cómo?  Curioseó el turista

-         Me he tropezado, y se me ha torcido el tobillo, dijo el botones

-         ¡Vaya! Que mala suerte, apreció el hombre

Pero en el fondo pensaba, claro, siempre mirando a las nubes!!

Ya en el trayecto de regreso, el turista empezó a recapacitar sobre las personas de las poblaciones que había visitado, en cómo las costumbres, si no se actualizan, pueden perjudicar. Consideraba también que, el hacer siempre las cosas gala_montede la misma manera limita las posibilidades de aprecio y acción. Llegó a la conclusión, de que las actitudes en la vida se tienen que revisar a menudo, para no caer en el olvido de su causa, y modificarlas cuando el motivo original ya no existe.

 

 


Montse Perich

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